lunes, 22 de abril de 2013

---> El Viento

Hyderabad. Pakistán. Bernard Rudofsky. Architecture without architects




---> EL VIENTO


El viento es el aire activo. Hálito o soplo creador. Aliento y espíritu. Fecundador y renovador de la vida. El soplo del Eolo griego cambió el viento y provocó la destrucción de la escuadra de Jerjes. Pero sería excesivo hacer un dios de una manifestación divina (Jean Servier). Como los ángeles, los vientos son mensajeros divinos: intermediarios entre el cielo y la tierra. El viento es el “espacio que llena”, penetra, rompe, purifica y está en relación con las direcciones del espacio. Las corrientes aéreas asociadas a las acuáticas son la base del Feng-shui chino y conforme a las tradiciones hindúes: “el viento nace del espíritu, engendra la luz y el espacio… y tiene la cualidad de la forma…”.  En la Persia antigua el viento era el soporte del mundo y contenía a las aguas (“el agua reposa sobre la espalda del viento”). Es allí en donde por primera vez se comprende la significación del espacio vacío, un poderoso símbolo de energía (donde sopla el viento y adquiere su forma)



En el cálido clima de la antigua Persia el hogar tiene la forma que le confiere el viento.


 

Casa y maqueta del antiguo Egipto. Museo del Louvre

Hyderabad. Pakistán. Bernard Rudofsky. Architecture without architects

Torre captadora de viento y sistema de refrigeración

Hyderabad. Pakistán. Bernard Rudofsky. Architecture without architects

Bam y Arg-é Bam. Irán. 500 a.c.

Shibam. Yemen

Yazd. Irán. Torres de los vientos


Yazd. Irán. Torres de los vientos

Yazd. Irán. Torres de los vientos

Palomares. Delta de Mit Gahmr. Egipto

Palomares en Mit Gahmr. Egipto y en Yazd. Irán

Hyderabad. Pakistán. Bernard Rudofsky. Architecture without architects


Abril 2013

martes, 22 de enero de 2013

---> Velódromo Vigorelli. Concurso no presentado.






Estos dibujos fueron realizados durante la noche del 26 de octubre de 2013. El día siguiente ocurrió algo maravilloso y el proyecto no se presentó a concurso.


Justo Ruiz Granados

sábado, 19 de enero de 2013

---> La casa ideal de Robert Louis Stevenson

Diagrama de la finca de R.L. Stevenson en Vailima. Samoa. Autor desconocido 1889



“No existen tierras extrañas. Es el viajero el único que es extraño”
 R. L. Stevenson


“Un hombre no debe negar sus capacidades manifiestas, porque significa evadir sus obligaciones”

R. L. Stevenson



Robert Louis Stevenson fue una persona de alma errante, imaginativa y viajera pero su cuerpo siempre estuvo aferrado al refugio que le ofreció el hogar, -“el hogar está allá donde esté el corazón”-. Stevenson jamás escribió en su casa ideal pero si la proyectó desde su propio interior como el lugar imaginado en donde crear sus quimeras y ser íntegramente uno mismo.

No nos engañemos, se trata de una conjunción inalcanzable para todos los mortales. Por su propia definición, la casa ideal solo puede imaginarse. Construirla es tarea de los sueños y, que para bien o para mal, estos no son de este mundo.

Un recinto ajardinado, como patria verdadera; un “diván-viajero”;  cinco mesas bien estructuradas; tan sólo una ventana al exterior; un amplio desván para asuntos ociosos y creativos; los libros de siempre, aquellos que no envejecen,… R. L. Stevenson proyecta su casa ideal para el cuidado y custodia de sí-mismo. Igual que una isla encierra un tesoro.




Justo Ruiz Granados

Madrid, 17 de enero de 2013 




Fragmentos de LA CASA IDEAL 1884 (1)

Por ROBERT LOUIS STEVENSON


“ Dos cosas son necesarias en cualquier paraje donde nos propongamos pasar la vida: soledad y agua.”


“… es posible disfrutar de la grandeza a escala reducida, pues el ojo y el espíritu utilizan medidas diferentes.”


“… un riachuelo es el mejor adorno de una morada”


“… la nacionalidad donde hayamos de vivir es lo de menos;  al fin y al cabo en el interior de un jardín podemos construir nuestro propio país.”


“… lo ideal consiste en encontrar un vetusto jardín, cultivado antaño con infinito esmero y sumido desde entonces en el abandono, e intentar, no reparar, sino mantener cuidadosamente ese abandono.”


“… el jardinero habrá de ser un hombre ocioso y con afición a la horticultura: un jardinero sesudo y laborioso falsearía el paisaje y uno atildado se meterá en donde no le llaman.”


“… una regla áurea aconseja cultivar el jardín con el olfato y el oído,… sin embargo el precio pagado por privar de su libertad a tan ardientes y aladas criaturas hará que este lujo sea demasiado caro para un amante absoluto del placer.”


“… una casa con más de dos pisos no es una casa, es un cuartel, la casa ideal es la de un solo piso.”

“… la casa puede ser pequeña pero las habitaciones grandes; una simple habitación de techo alto, espaciosa y bien iluminada es más señorial que un palacio atiborrado de cuchitriles y alacenas.”


“… una casa de dimensiones correctas y de caprichoso trazado es grata para el organismo.”


“… el recibimiento debería contar con abundante huecos y apartados, ya que estos son muy discretos lugares para conversar.”


“… una larga pared con un diván: pasar el día tendido entre un universo de cojines es tan placentero como viajar.”


“… el comedor:  desamueblado; tan sólo un aparador, una mesa, las sillas necesarias y una chimenea  de azulejos para el invierno.”


“… las paredes de los pasillos pueden estar totalmente cubiertas de libros... una chimenea y una ventana, tal vez la única de la casa.”


“… el estudio, el lugar de trabajo, con muros recubiertos de estanterías con libros, las cuales llegan hasta la cintura, y la parte superior del mueble forma una mesa adosada a la pared.”

“… la habitación es muy espaciosa,  con cinco mesas y dos sillas que no son más que islotes.”


“… cinco mesas: una para el trabajo que se realiza en un momento dado; otra, contigua  a la anterior para los libros de consulta que se utilicen; otra, muy amplia, para manuscritos y pruebas que esperan su turno; otra debe permanecer vacía para cualquier eventualidad; y la quinta es la mesa cartográfica, que cruje bajo un manto de mapas y cartas a gran escala…, estos son, de todo el material impreso, el más adecuado para estimular y complacer la imaginación.”


“… la silla en que uno se sienta a trabajar debe ser muy baja y cómoda.”


“… todo el desván de la casa forma, de parte a parte, un solo aposento; aquí se han instalado mesas sobre las que se pueden moldear territorios imaginarios o reales en masilla o argamasa con excelentes utensilios y pigmentos, un banco de carpintero y un rincón disponible para la fotografía.”


“… la pequeña habitación para las veladas invernales: en tonos cálidos y fuertes,… una chimenea, los asientos y sofás profundos y acogedores; una mesa para los libros del año; y tres estantes llenos de esos libros eternos que nunca envejecen: Shakespeare, Molière, Montaigne, Lamb, Stern,… Las mil y una noches, el Conde de Montecristo.”


“… los dormitorios grandes, aireados, sin muebles, con suelos de madera barnizados.”



 

Fragmentos de LA CASA IDEAL 1884

Por ROBERT LOUIS STEVENSON


(1)La casa ideal y otros textos. Robert Louis Stevenson 1884. Traducción de Santiago R. Santerbás, María Condor y Antonio Iriarte Jurado. Ediciones Hiperión. Madrid 1998.




8 Howard Place, Edinbugh. Casa en donde nació R. L. Stevenson 1850
Mont Vernon, Hampstead, London, Abernethy House
Saranac Lake. NY. 1887


Monterey. California

Monterey. California

En el Equator, rumbo a la Polinesia. Maleta de Stevenson

Islas Sandwich

Casa de Stevenson en Vailima. Samoa. Foto John Davis 1889
Casa de Stevenson en Vailima. Samoa. Foto John Davis 1889

Casa de Stevenson en Vailima. Samoa. Foto John Davis 1889

La familia Stevenson en Vailima junto al personal de servicio

Casa del Parlamento. República de Mariki. Gilbert Islands.
Foto John Davis con Robert Louis Stevenson. 1889.

Mont Vaea. 1889

Robert Louis Stevenson

 
Tumba de R. L. Stevenson en la cima del Mont Vaea. 1894

Dibujo de Robert Louis Stevenson que ilustra "La Isla del Tesoro" 1880


miércoles, 12 de diciembre de 2012

---> CERO


Zero, de Jasper Johns, óleo y collage sobre lienzo, 25.4x20.3 cm. 1959, Estados Unidos



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El cero, concepto que indica la ausencia de valor, es también algo rico y vital. Un vacío cuya presencia se siente. Absoluto, potencial y al mismo tiempo es nada.


Su invención es sin duda uno de los mayores logros de la humanidad y su aportación al pensamiento humano resulta incuestionable. La naturaleza del concepto cero resulta profundamente filosófica.


El signo numérico cero no tiene valor por sí mismo pero ocupa el lugar de los valores ausentes. Los mayas descubrieron el concepto del cero y su empleo 1000 años antes de que nada parecido fuese conocido y empleado en Europa. Se representaba mediante una concha o un caracol, símbolo de la regeneración periódica, igual que la luna. “El cero es el momento de la desintegración de la semilla del maíz en la tierra antes de que la vida se manifieste de nuevo. Es el momento posterior al sacrificio terrestre y previo a la resurrección celestial” (1) . El cero es un instante en la inversión de polarización. El gran mito de la regeneración cíclica está resumido en el simbolismo del cero maya.


El cero es también el glifo universal de la atemporalidad y la inmovilidad de lo eterno, de la permanencia del ser a través de las fluctuaciones del cambio. Siendo la nada, al mismo tiempo, el cero contiene en sí la evolución de la vida.


El cero apareció por primera vez en Babilonia, en tablillas de escritura cuneiforme datadas en el año 1800 a.c. y su valor ya era nulo. En notación posicional ocupaba los lugares donde no había una cifra. Posteriormente se le representó mediante dos cuñas cuneiformes, muy semejante a la forma actual del cero.

No obstante, es en la India del S.VII (2) cuando empieza a revelarse el verdadero genio y la imparable progresión del cero hacia el mundo concreto de la geometría, la abstracción algebraica, las matemáticas o la música. El avance del pensamiento científico no hubiera sido posible sin el concepto cero.


Cero (sunya, en sánscrito) es el vacío que está detrás de todas las apariencias. Su raíz (hinchar) connota que se trató mitológicamente de un vacío capaz de engendrar todas las cosas. El cero es femenino, la matriz potencial, el perfecto huevo cósmico para C. G. Jung.


El mundo de habla árabe lo llamó sifr (cifra en castellano) y lo transmitieron a Al-Andalus y posteriormente al resto de Europa. Los primeros manuscritos que muestran las cifras indias (llamadas entonces “árabes”) provienen del norte de España y son del siglo X: el Codex Vigilanus y el Codex Aemilianensis.


En Europa, el cero (zefhirum), comenzó a difundirse hacia el año 1000 y su adopción planteó un cisma en el pensamiento de la Edad Media, ya que el concepto cero “introducía el horror de la nada en la plenitud de la creación divina” (3) y ponía en duda la armonía de las esferas de Aristóteles. “El cero desafía a la lógica por cuanto sugiere al mismo tiempo el vacío primigenio y el abismo del infinito” (4). El matemático italiano Fibonacci hace uso del cero en su introducción al álgebra árabe (5), fue tildado de mágico, embrujado y demoniaco. Convendría aclarar que por entonces el uso del ábaco era comúnmente extendido y aceptado tanto por calculadores, clérigos y comerciantes, sistema éste que no contempla el cero para el cálculo. El uso por parte de Fibonacci del cero supuso un cambio de paradigma fundamental en el pensamiento occidental. Científicamente, el invento renacentista del espacio infinito de la perspectiva se basa en el vector cero del punto de fuga. Sin cero, no hay perspectiva, y así lo atestiguan Durero o Piero della Francesca. 


Es en el cero absoluto donde cesa todo movimiento molecular y al mismo tiempo representa la infinitud del agujero negro. El punto cero del vacío en la mecánica cuántica es la ilimitada energía de un sistema, el cero cósmico del big bang, la creación del universo a partir de la nada. El cero es positivista y metafísico a la vez.


Ordenadores, teléfonos,… basan sus funciones en el código binario de unos y ceros, pulsaciones y silencios. Curioso, inquietante y solemne es el concepto del cero, que sin tener valor por sí mismo confiere valor y potencias a otros.


El cero no es la negación absoluta, es una carencia de oposiciones y contrastes, la ausencia de dinamismo. En el cero subsisten distintos estados de manifestación, el cero es la nada pero “permanecen conscientes todas las posibilidades consideradas. El abismo del cero-nada deviene visible en cada brecha de la existencia, en cada transformación de la realidad, en cada crisis, sufrimiento, metamorfosis, en cada cambio de forma, o en cada vez que el estado de una cosa es alterado, el abismo de la nada es atravesado y se hace visible durante un instante” (6), pues nada puede cambiar sin producirse el contacto con esa región del ser absoluto que es el cero.


“La prueba de Dios habría que buscarla en el encuentro del vacío con el infinito” (Descartes) (7), y ahí está el cero: punto de equilibrio entre lo negativo y lo positivo.


Gráficamente, un concepto tan complejo como es el cero, fue diseñado del modo más sencillo. Todas sus significaciones están implícitas en su genial abstracción tipográfica, inconscientemente inspirada en el mythos.


Un profundo vacío, el espacio no activado, el tiempo detenido, la idea en potencia, la ausencia de materia, una barca sin remos en la Estigia entre el Hades y el cielo, el preciso instante del ahora y la eternidad en la nada. El cero representa la nulidad, la inexistencia,… la muerte, y al mismo tiempo es una presencia energética latente hacia la vida.


Todo esto, y nada, es el cero.




Justo Ruiz Granados


Madrid 10 de diciembre de 2012


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(1). Jean Chevalier y Alain Gheerbrant. Dictionnaire des symboles. París, 1969

(2). Abu Ja’far Mujammad Ibn Musa. Tratado de la adición y la sustracción mediante el cálculo de los indios, 810 d.c.

(3). Robert Kaplan. The Nothing That Is: A Natural History of Zero. Oxford, 2000

(4). Charles Seife. Zero: The Biography of a Dangerous Idea. New York, 2000

(5). Leonardo de Pisa, Fibonacci. Liber abaci. Pisa, 1202

(6). Joseph ben Shalom de Barcelona, S. XIII.

(7). The Archive For Research In Archetypal Symbolism (ARAS)